Nunca fui una nena caprichosa. Creo que es en una de las pocas cosas que me parezco a Clarita. Una nena "buenita", de carácter tranquilo y voz bien bajita. De las que prestan todos los juguetes y cuando alguien pelea, en vez de enojarse, elije llorar con tristeza.
Lo bueno de haber hecho la primaria en Turno Tarde, era que podía dormir en la casa de mis abuelos, la casa de adelante. No había mañana que no me estuviera esperando un Serenito combinado. Claro, no era una nena caprichosa porque no necesitaba serlo, tenia a la persona que cumplía todos mis deseos, sin que yo llegara a pedirlos.
La rutina seguía al mediodía, con algo para comer que incluya batatas, y después al cole. En el regreso ya saboreaba el submarino con vainillas que religiosamente me esperaba mientras ella, lavaba la ropa. Tenia todos los horarios pautados. Todo controlado, desde las boletas del "Quini" hasta el lugar de cada cubierto.
Las cenas transcurran con Francela de fondo, Naranja y media. Me ponía el plato de comida y tres copitas pintadas a mano, de su casamiento, obvio. En una había Coca, en otra Seven Up y en la otra, Fanta. A veces mirábamos el programa de Moria Casan, en el que tenían que encontrar una banana gigante dentro del baúl de un auto, que si mal no recuerdo era un Fiat Duna.
Mas tarde, antes de dormirnos, me daba media Bayaspirina disuelta en Seven-Up mientras hacíamos crucigramas y sopas de letras.
La casa tenia dos piezas, la pieza grande, donde mandábamos a dormir al abuelo, y nosotras nos quedábamos en la chiquita, donde teníamos una camita para cada una. Me acuerdo de las vendas para sus pies hinchados y el cuadro de la Sisi. Una mesita de luz separaba nuestras camas y esa mesita de luz, es exactamente donde esta apoyado el monitor a través del que escribo hoy. En la parte de abajo guardábamos los pilones interminables de revistas con juegos. Algunas noches jugábamos a la escoba del quince, pero eso por lo general lo dejábamos para los Viernes y Sábados, que sin falta venían Lucia, la tía Maria y el Tio Alcides. Una copita de Legui y campeonato de chinchon entre todos.
Cada mes, el mismo día en que cobraban la jubilación, compraban una caja de bombones para mi y mis hermanas, pero claro, la única que sabia del escondite era yo. Se podía decir que era la preferida, pero tal vez porque era la mas chica, la que les hacía compañía noche y día. Mi mamá estaba muy celosa, no sabía como convencerme para que durmiera en casa, en mi pieza, yo la amaba a mi mamá, pero la realidad es que yo era feliz allá, era como estar en el Hogar de Chiquititas,
Ese 25 de Marzo de debería haber hecho caso a mi mamá y dormir en casa, tal vez todo hubiera sido más fácil de asimilar.
Me quedó en la retina durante años, su imagen en el lavadero. Volvi a dormir con mis hermanas, dos adolescentes que no tenían tiempo para una nena de ochos años y claro, también volvi a escuchar las discusiones de mis papás.
No volví a tocar un crucigrama, nunca más. a mi papá lo dibuje desde ese ida en adelante, siempre con el pantalón y la camisa verde, lo que tenia puesto le día que se fue. Fue la única vez que vi a mi papá llorar.
Era todo tan perfecto cuando estabas, yo era tu Florcita, y eras capaz de matar a cualquiera por mi. Todo el barrio te quería. Olguita. Como te extraño abuela... necesito que estés acá y me cumplas todos los caprichos, todos esos que automáticamente dejé de tener porque nadie podía cumplirlos como vos. No quiero terminar esta entrada porque me faltan mil recuerdos, la lotería, el queso y dulce, el pan rallado, los quinotos, y el postre de vainillas.
Es la primera vez que escribo sobre vos, es un tema que trato de evitar porque todavía me duele esa mañana. Siento que no estoy haciendo más que escribir oraciones que me vienen a la cabeza, hoy no importa si quedan armoniosas o no, hoy escribo lo que me acuerdo y me sale del corazón Necesito ver tu vestido azul, tu cuello huesudo y tu pelo impecable al menos una vez más.
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